Con la edad que tengo hace mucho que dejé de planear mis vacaciones con tanta anticipación. Hoy en día, con mi mujer nos dedicamos casi siempre a cuidar y disfrutar de nuestros nietos, y los veranos son principalmente junto a nuestros hijos (ya casados y con la vida armada). La verdad es que no tenemos ninguna queja, pero a medida que pasan los años nos sentimos como una incomodidad para estas nuevas generaciones que, a pesar de ser nuestra familia, tienen que ocuparse también de entretenernos a nosotros.
Pensamos bastante pero nuestro presupuesto no era demasiado, y además hay pocos lugares apropiados para gente de nuestra edad. Casi nos damos por vencidos cuando una pareja amiga nos recomendó probar con Club Med: una alternativa que nos había fascinado cuando todavía éramos jóvenes. En un principio dudamos, teníamos recuerdos de tragos exóticos, todo tipo de actividades hasta el amanecer: “ya no estamos para esos trotes”, me dijo mi mujer.
Por suerte (por primera vez en mi vida) no la escuché: viajamos a Itaparica y vivimos una experiencia alucinante. Para empezar, al ser mayores de 60 años, pagamos el 10 por ciento menos en nuestra estadía en el Club Med. Además, a través de su famoso sistema All Inlcusive accedimos a todos los beneficios y servicios de esta empresa. Tomamos sol en la playa, nos relajamos a pleno, nos metimos en el mar y hasta practiqué algunos tiros de golf. Volvimos a casa renovados y además ansiosos para que lleguen las próximas vacaciones: ya sabemos a dónde ir.














